viernes, 13 de octubre de 2017

Viaje a Japón 2017

El pasado mes de septiembre tuve la gran oportunidad de cumplir un sueño, viajar a Japón. El gran aliciente de este viaje fue, sin lugar a dudas, pisar territorio nipon con mis compañeros de Camino, y es que para un practicante de Artes Marciales las emociones que supone el ir al país del Sol Naciente, se multiplican.

Osaka fue nuestro lugar de partida, llenos de emoción y sin descansar del largo viaje, nos zambullimos de lleno entre los rascacielos de la ciudad para comenzar nuestro tour en el Castillo de Osaka. Construido por Toyotomi Hideyoshi, unificador de Japón en el S. XVI, es un castillo restaurado que cuenta con un museo en su interior. Después de recorrerlo y disfrutar de las vistas que ofrece desde su último piso, paseamos por sus parques y visitamos el templo shintoísta en honor a Toyotomi Hideyoshi: Hokoku Shrine.

Castillo de Osaka.
Hokoku Shrine. Monumento a Toyotomi Hideyoshi.

Despedimos el primer día yendo al famoso distrito de Shinsaibashi donde comenzamos a degustar la gastronomía japonesa.

Osaka nos brindó más templos y santuarios como: Shitennoji, Sumiyoshi Taisha... y, a mayores, sitios donde contemplar desde las alturas toda la ciudad gracias a la Torre de Hitachi, en el barrio de Sinsekai, y al rascacielos Umeda.

Barrio Sinsekai. Al fondo, Torre Hitachi.

Vista desde el rascacielos Umeda.

Continuamos el resto de los días alojados en Kyoto, pero nuestro siguiente destino turístico por un día sería Nara, una de las antiguas capitales del antiguo Japón y lugar de gran belleza, que no dejó indiferente a nadie con sus calles, parques y templos repletos de ciervos, animal sagrado de la zona. Cuando parecía que los ciervos acaparaban toda la atención y atractivo turístico fue cuando El Templo del Gran Buda nos impresiono por su majestuosidad y belleza. Terminado el día con unas cuantas visitas más a templos shintoístas regresamos a Kyoto, lugar en el que pasaríamos el resto de los días.

Templo del Gran Buda.
Símbolo de Nara: el Ciervo.

Kyoto, "Capital del Japón Tradicional", sería imposible enumerar todos los sitios que visitamos, así que me centraré en los que, personalmente, creo que más nos impresionaron. En primer lugar, y en un primer puesto indiscutible para un servidor, se encuentra el Nijo-jo, el Castillo de Kyoto que sirvió como residencia al primer Shogun del periodo Edo, Tokugawa Ieyasu (posteriormente, tras la abolición del Shogunato, fue durante un breve periodo de tiempo Palacio Imperial). Acostumbrado a los templos y castillos rehabilitados o reconstruidos, que no dejan de ser impactantes, el contemplar el magnífico estado de conservación del Nijo-jo es, cuanto menos, impresionante. Pisar el mismo suelo que en su momento pisaron Samurais de gran renombre, contemplar las habitaciones donde seguramente corrió sangre más de una vez y recorrer sus jardines fue una experiencia única y un gran cúmulo de sensaciones. Un lugar maravilloso para todo amante y estudioso de la historia feudal japonesa.

Nijo-jo.

Típico de postales y películas era obligatorio ir al Bosque de Bambú de la Montaña Arashiyama, montaña entre las que discurre el río Hozu y que seguimos paralelamente gracias a un tren especial. Las vistas son increíbles, un paraje natural repleto de Arces Japoneses a punto de cambiar de color por la llegada del otoño, una pena no haberlos visto en la época del Momiji.

Montaña Arashiyama.

Nada tiene que envidiar al Bosque de Bambú los Mil Toris del templo Fushimi Inari. Un paisaje impresionante que crea una senda mágica a través de la montaña.

Paseo de los Mil Toris.

Un lugar imprescindible y característico de Kyoto es el Barrio de Gion, el antiguo barrio de las Geishas, que conserva su encanto con las típicas casas y fachadas japonesas. Sin embargo, quizás menos reconocido por sus calles e igual de bonito podría ser el mercado de Sannenzaka Ninenzaka, cercano al templo Kiyomizu-dera. Fue una pena encontrarnos el templo en obras, pero tanto la arquitectura como el entorno permite hacernos a la idea de su magnificencia.

Sannenzaka Ninenzaka.

Si de lugares emblemáticos se trata no podía faltar el Pabellón Dorado, en un principio construido como villa de descanso del Shogun Ashikaga Yoshimitsu, ahora desempeña la función de Shariden (donde se guardan las reliquias de Buda). El color que su propio nombre indica se debe al recubrimiento de pan de oro de sus paredes. Sin duda, un lugar precioso que muestra una magnifica estampa del templo y el estanque que hay bajo él (Espejo de Agua).

El Pabellón Dorado y el Espejo de Agua.

Por otro lado, sitios más humildes y no tan masificados de turismo denota una vez más que la ostentosidad no tiene porqué ser mejor que lo sobrio y, ¡qué mejor sitio para demostrarlo que el propio Japón! El Templo Ryoanji, budista zen, fue uno de ellos, con un jardín seco (Karensansui) que, como es característico de los propios, son austeros, a diferencia del entorno en el que se sitúa el templo, estanques y vegetación complementan este lugar otorgándole una gran belleza.

Jardín seco del Templo Ryoanji.

Fundado por Tokugawa Ieyasu, el Templo Enkoji fue una gran sorpresa. Cuando parecía que la monotonía de las similitudes entre templos ya no nos impresionaría llegamos al Templo Enkoji, un lugar acogedor que emanaba paz y tranquilidad, sobre todo porque éramos los únicos turistas en ese momento. Jardines secos y no secos se distribuían a lo largo del recinto a los que se les podría pasar horas y horas contemplando desde las habitaciones de las instalaciones. Atravesando su propia versión del Bosque de Bambú, pero en menores dimensiones, el templo da lugar a un cementerio en cuyas tumbas yacían Samurais o descendientes de los clanes correspondientes.

Templo Enkoji.

Obviamente, hubo momento de compras acudiendo a mercados tan famosos como el de Nishiki. Sin embargo, para un practicante de Artes Marciales el estar en Kyoto y no pasar por Tozando (el Zara de los Artistas Marciales) sería una gran faena. Una vez se entra en la tienda las horas pasan rápidamente, observando todos los sables, armaduras y atuendos para elegir finalmente lo que compraría cada uno.

Armaduras en Tozando.

El viaje se iba acabando y nuestra despedida de Kyoto sería en el Butokuden, lugar emblemático para las Artes Marciales japonesas y punto de reunión para la asociación Seibukan. Formamos parte del grupo español de Kyudo liderado por la Maestra Belén Pérez, representando a España. Fue un gran honor para nosotros estar en ese lugar tan privilegiado donde grandes Maestros a lo largo de la historia han presentado allí sus Artes, como Jigoro Kano o Gichin Funakoshi.

Butokuden.

Terminado el viaje y con ello al final de esta entrada, no podíamos abandonar Asia sin darnos un homenaje culinario, tanto japonés, con el Okonomiyaki, como chino, con el pato al estilo pekinés, en la escala de nuestro vuelo devuelta a España en Beijing.

Okonomiyaki, en "Okonomiyaki Kiyo".

Muchas gracias a todos aquellos que habéis hecho posible esta fantástica experiencia, este sueño hecho realidad. Sin embargo, una cosa queda clara, donde más cerca está Oriente... ¡es en nuestros Corazones!

Onegai shimasu!
お願いします

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